El olivo de Israel y la familia de Abraham

En la Epístola a los Romanos se representa al pueblo de Israel como un olivo. Ese olivo no corresponde al pueblo de Israel de un siglo determinado; es un árbol genealógico y en él hay ramas que representan las sucesivas generaciones.

OLIVO

Un pueblo tiene una dimensión histórica, y no podemos limitarlo solo a su estado actual. Así, el olivo de Israel está formado por los israelitas de todas las edades, desde Abraham hasta Jesucristo.

Dios le dijo a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre” (Gn. 12:1). Con ello le estaba diciendo: Deja tu familia, abandona tus raíces, y vamos a formar juntos una nueva familia. Probablemente la religión practicada por Abraham antes de que Dios lo llamara era la misma que vemos en Labán (Gn. 31): tenia ídolos a los que consultaba, los cuales probablemente representaban a sus antepasados (terafín). Cuando Dios le dice a Abraham: Haré di ti una nación grande (o una familia, porque las naciones tienen su origen en una familia), le está proponiendo que deje sus raíces, sus antepasados y sus dioses, porque Él va a constituirse en su raíz y su Dios para formar una nueva familia.

Jesucristo es la raíz y el linaje de David (Ap. 5:5; 22:16). No solo es el Hijo de David, Él es la raíz de Isaí (Is. 11:10; Ro. 15:12): “Antes que Abraham fuese yo soy” (Jn. 8:58). Es también el vástago que retoñará de sus raíces (Is. 11,1), la simiente de Abraham (Ga. 3:16). En Cristo hemos sido injertados nosotros, los creyentes gentiles; por medio de Él hemos venido a ser hijos de Abraham y ahora formamos parte del olivo (Ro. 11:17).

Pero, del mismo modo que alguien que no formaba parte de ese árbol puede ser injertado en él, también puede ser que alguien que originalmente formaba parte del árbol sea desgajado. En la ley había muchos mandamientos cuyo castigo era ser cortado del pueblo; concretamente Moisés dice: “Profeta os levantará Dios como yo y todo aquel que no oiga a aquel profeta será desarraigado de su pueblo” (Hch. 3:23). Así, los judíos fueron desgajados del olivo cuando rechazaron al Mesías. Pero, como dice la Escritura: “Poderoso es Dios para volverlos a injertar” (Ro. 11:23), y así lo hará cuando reciban a Jesucristo.

Mencionaremos aquí la parábola del Rico y Lázaro. Hay muchos versículos en la Biblia que, para referirse a la muerte de alguien, dicen que se reunió con sus padres, o con sus antepasados. En esta parábola Lázaro se reunió con su padre Abraham, pero el rico no. El rico, aunque era hijo de Abraham según la carne, fue separado, excluido definitivamente de la familia de Abraham. Como hemos dicho, en la ley de Moisés había muchos pecados cuyo castigo era ser cortado del pueblo, y aquí lo vemos aplicado de un modo trascendente.

Malaquías dice que Dios hizo al hombre y a la mujer uno, porque buscaba una descendencia para Dios. Añade que Dios aborrece el repudio, y les dice a los judíos que no sean desleales con la mujer de su pacto (Mal. 2:15-16). Antes (v. 11) habla en contra de la unión con extranjeras. Parece que en la descendencia de Abraham según la carne podía desarrollarse, a la vez, una descendencia espiritual por obra de Dios; pero había cosas que lo impedían. Una de ellas era el matrimonio con extranjeras, hijas de un dios extraño; otra era el adulterio, no ser fieles a la mujer de su pacto; y finalmente el divorcio y nuevo casamiento, el repudio. La semilla espiritual no podía trasmitirse a través de la descendencia carnal por estas cosas. De todas formas, aunque se dieran las condiciones idóneas, es Dios quien debe plantarla: “Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Jn 1:13). Jesucristo dijo: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mt. 15:13).

En Israel, debido a las tres razones mencionadas, y añadamos, a la idolatría, había muchos hijos de Abraham según la carne que no eran hijos de Dios. Así, Jesucristo hablando a los fariseos, quienes afirmaban que no habían nacido de fornicación y que por tanto su padre era Dios, les dice: “Sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer”; y les dice también que no eran hijos de Abraham, porque, si lo fueran, las obras de Abraham harían.

Hoy en día algunos mesiánicos andan buscando ascendientes hebreos porque piensan que eso les da alguna ventaja sobre los que no son judíos, pero Pablo, que tenía mejor pedigrí, dice que todo eso lo tiene por basura. Puede llegar a ser hijo de Dios tanto un descendiente de Abraham según la carne como uno que no lo es; uno y otro necesitan nacer del Espíritu para poder ser hijos de Dios.

José A. Juliá

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One thought on “El olivo de Israel y la familia de Abraham”

  1. Excelente exposición resumida de este gran tema. Gracias Jose Antonio.
    Cuando los apóstoles de Jesús entendieron que lo que contaba para Dios era el árbol espiritual, la rama del Mesías, abandonaron el judaísmo para vivir como gentiles. Galatas 2. No en cuanto a pecado, pero si en cuanto a dependencia de leyes y rituales que daban estructura al judaísmo religioso.
    Los actuales judaizantes tratan de revertir esa liberación para volver a atar a los creyentes al pasado de esclavitud. Ver la analogía usada por Pablo en Galatas 4 respecto a Sara y Agar.

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