Entrevista: Annie González, autora de “Heridos en su cuerpo”

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“La iglesia no se desarrolla de forma eficaz por la falta de perdón y las raíces de amargura”

La autora de Heridos en su cuerpo es puertorriqueña, está casada, es madre de un hijo y acoge en su casa a un joven ex musulmán. Desde hace más de veinte años se dedica Ala labor misionera, trabajando para el Señor en la República Dominicana, con los indígenas de Venezuela o con los bereberes del Rif en Marruecos, apoyando a la iglesia en el país musulmán y ayudando a niños huérfanos. En su experiencia, no obstante, ha querido retomar un tema que es crucial en la iglesia de hoy día: los enfrentamientos entre hermanos en el seno de la Iglesia y la falta de conciencia de que somos un cuerpo, el Cuerpo de Cristo.

P: En el libro hablas acerca de los enfrentamientos que hay en muchas iglesias y la falta de amor entre los hermanos. ¿Cómo podemos ponerle remedio?

Annie González: Durante todo su ministerio terrenal, Jesús nos enseñó maneras prácticas de vivir un Evangelio con un impacto favorable en las relaciones interpersonales. Nos enseñó a poner la otra mejilla, a no pagar mal por mal, a amar a nuestros enemigos, a hablar verdad en amor, a edificarnos, a perdonar y dejar la ira y el enojo, y tantas otras cosas que nos ayudan a resolver conflictos y diferencias. Debemos no solamente ser oidores de las buenas noticias, sino hacedores. Esa es la clave, morir al yo y que Cristo viva en nosotros. Vivir un evangelio que practique las enseñanzas del Maestro.

P: ¿En qué momento te surgió la idea de escribir este libro?

  1. G:Hace como 10 años, Dios comenzó a inquietarme sobre el tema y fui acumulando poco a poco información y vivencias, escribiéndolas y esperando el Kairós de Dios.

P: ¿Crees que las iglesias evangélicas en España están cada vez más divididas?

  1. G:No estoy muy al tanto sobre la realidad de las iglesias evangélicas en España. Pero lo que sí creo es que, donde hay diversidad de personas, hay posibilidad de que ocurran malos entendidos, enemistades y cosas semejantes a éstas, que dividen y dañan el buen funcionamiento del cuerpo de Cristo.

P: ¿Cómo podemos conseguir que tanto los pastores y líderes como las ovejas busquen la gloria de Dios y no la suya propia?

A.G: Creo que una de las claves está en Filipenses 2:3-8: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de otros. Haya pues, en vosotros este mismo sentir que hubo también en Cristo Jesús…”

P: Muchas veces en las iglesias surgen pleitos, envidias y rivalidades por razones del ministerio y las cosas permanecen ahí durante mucho tiempo, ¿cómo puede afectar esto a la iglesia?

  1. G:Cuando no confrontamos en amor las cosas que nos separan en el cuerpo de Cristo, tarde o temprano saldrán a la luz y redundarán en un evangelio sin efecto en las vidas que se pierden y una iglesia sin frutos permanentes y sanos. La humanidad gime a gritos por una iglesia efectiva y sana.

P: En el libro nos invitas a buscar cuál es nuestro papel en la iglesia, ¿cómo podemos descubrirlo?

A.G: Considero que nuestro lugar en el Cuerpo de Cristo surgirá en la medida que seamos obedientes a lo que Dios demanda de nosotros en este momento y a la disposición y disponibilidad para hacer cualquier tarea que nos venga a la mano para hacer, según nuestras fuerzas. En esa medida Dios irá abriendo nuevas puertas y ubicando a cada uno en su Cuerpo, según sus dones, habilidades, experiencias y disposición. Dios lo hará en la medida que seamos obedientes y permanezcamos cimentados en la vid.

P: ¿Haría falta más disciplina y orden en la iglesia? ¿Cómo puede hacerse esto?

A.G: Creo que es necesario llamar las cosas por su nombre; a lo malo, malo y a lo bueno, bueno. No tener temor a la reacción del hombre, ni ser esclavos de los hombres, ya que esto nos pone lazo. La iglesia debe reflejar todo lo que Dios espera y ha señalado en su Palabra. Sin disciplina ni orden no hay crecimiento ni madurez.

P: Uno de los aspectos de la Biblia que quizás más se olvida es el perdón entre los hermanos, ¿crees que las iglesias deberían abordar este tema más en serio?

A.G: Pienso que hay mucho estorbo en el desarrollo eficaz de la iglesia debido a la falta de perdón y a las raíces de amargura que experimentan muchos hermanos en sus relaciones personales. Es
un tema muy importante y vital y es la raíz de muchos males. Hay que ayudar a los hermanos a identificar las cosas que detienen su crecimiento y madurez.

P: En definitiva, ¿qué es lo que se va a encontrar una persona que quiera leer tu libro?

A.G: La persona que lea el libro encontrará identificadas las áreas que dañan el buen funcionamiento del Cuerpo de Cristo, que lo fragmentan y lastiman. Se evaluará para ver en que medida ha sido partícipe de estas cosas y en qué manera ha sido dañado, y se motivará al cambio porque podrá reconocer que Cristo viene a buscar una iglesia sin mancha y sin arrugas. Estas heridas no contribuyen al buen desarrollo de una iglesia sana, tal como Dios espera.

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